ALCOHOLISMO FETAL
Muchas de las sustancias que las mujeres embarazadas
ingieren son capaces de afectar al feto. Así, se conocen los efectos
de diversos medicamentos sobre el desarrollo fetal, de las drogas, del
tabaco, y desde luego del alcohol.
Desde hace más de dos décadas se describió
el llamado síndrome de alcoholismo fetal, desencadenado por la
ingesta de alcohol durante el embarazo.
Este síndrome se caracteriza por la presencia
de una serie de lesiones en los recién nacidos muy típicas:
son niños de bajo peso al nacer, prematuros, con la cabeza y los
ojos más pequeños, la apertura palpebral pequeña
también, con distintos tipos de lesiones cerebrales que provocan
retraso mental, desarrollo inadecuado, con un llanto diferente al del
niño normal, con alta mortalidad y con otras malformaciones asociadas.
Es común que presenten manifestaciones propias de la deprivación
alcohólica, como temblores, convulsiones, irritabilidad, y con
frecuencia el embarazo termina en aborto.
El diagnóstico del síndrome de alcoholismo
fetal no es fácil, ya que la regla es que la madre niegue la ingesta
de alcohol durante el embarazo, y no reconozca su adicción, lo
cual también sucede en general con otro tipo de drogas.
Existen dos preguntas importantes que debemos hacernos:
cuanta es la cantidad de alcohol que, ingerida por la madre embarazada,
es capaz de lesionar al feto, y que sucede si existiendo alcoholismo previo
al embarazo, se suspende la ingesta de alcohol durante el embarazo.
Dado lo difícil que es recabar información
exacta y confiable de parte de las madres sobre su ingesta alcohólica,
las preguntas no son fáciles de contestar, y tenemos que usar tanto
la información científica como el sentido común.
El sentido común nos dice que si una sustancia
es tóxica durante el embarazo, lo mejor es evitarla del todo, ya
que en fetos muy susceptibles, cualquier dosis podría provocar
problemas. Si clasificamos la ingesta de alcohol en "moderada"
(menos de 7 tragos por semana y menos de 3 tragos por vez) y en "alta"
(7 o más tragos por semana y/o 3 o más tragos por vez),
podemos afirmar con base en estudios científicos que cuando la
ingesta es "alta" se presentan lesiones cerebrales importantes
en un número elevado de niños, sobre todo en los prematuros.
Por otra parte, pareciera que, aún cuando la ingesta
de alcohol haya sido "alta" antes del embarazo, si esta se suspende
durante el embarazo el riesgo de lesión al feto disminuye en forma
significativa.
La moraleja de todos estos estudios es muy clara: es
necesario ser sinceros ante el obstetra y el pediatra, las mujeres en
edad fértil no deberían beber alcohol, o si lo hacen, hacerlo
siempre en forma "moderada", y las mujeres embarazadas deben
eliminar el alcohol de sus hábitos.